El emperador de Ryszard Kapuscinski es un evidente producto de una gran investigación periodística. Una novela que te da a conocer no sólo ciertos rasgos de la cultura de Etiopía, sino que la forma de gobernar de Haile Selassie consistía en mantener la ignorancia de sus súbditos aprovechando la pobreza e superstición de sus súbditos. Para ello, Kapuscinski recogió numerosos testimonios de las personas que estuvieron cerca del monarca. Experiencias que ha perfilado con un lenguaje elaborado y preciso, con el que transmite de forma perfecta la personificación del rey. Al cambiar las palabras de los entrevistados convierte la novela en algo universal. Se trata de una historia que da a conocer unos rasgos totalmente internacionales de la naturaleza humana: la dominación y los dominados.
Aunque, se debe decir que no sería un género periodístico en su totalidad, ya que el carácter universal que le da el autor produce que la novela pierda la pureza de el reportaje. Ese carácter se puede observar en la forma de la que hablan del monarca, una persona inalcanzable, era un dios: “Venerable y Todopoderoso Soberano” (Z. S-K), “Nuestro Señor” ( T.),…
Defendían el derroche de las riquezas del país que producía su rey, ya que llevaba a Etiopía al progreso, todo estaba justificado. Y si en algún caso sucedía un problema siempre era culpa de algún ministro incompetente, Haile Selassie nunca se equivocaba. Pero, la incompetencia del monarca y el miedo a su propio ejército supuso que la miseria de los campesinos empeorara todavía más. Creando así las revueltas que llevarían al fin de su reinado.